Hola: quiero compartir con ustedes una información muy interesante sobre personas que han tenido muerte clínica y han vuelto y contado lo que sucedió del otro lado. El siguiente es un fragmento extraído de
http://www.near-death.com/sharp.html y traducido por Faith (yo) para el blog. Espero subir más con el tiempo.
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Siguiendo la Luz, la experiencia cercana a la muerte de Kimberly Clark Este es el mensaje de Kimberly Clark Sharp a partir de su experiencia cercana a la muerte durante los minutos en los cuales su corazón se detuvo de pronto y quedó yaciendo sobre la acera; atravesando hacia un lugar de paz, de amor, lleno de una brillante luz dorada, repleta de sensaciones de calidez y comfort, ella vió, por primera vez, el significado de la vida (y de la muerte).
Luego de su experiencia, se convirtió en la presidenta de la Asociación Internacional de estudios cercanos a la muerte en Seattle (IANDS). El siguiente es un fragmento de esa experiencia que se encuentra en su libro
After The Light.
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Lo primero que recuerdo fue el urgente sonido de una voz femenina. "¡No estoy recibiendo el pulso!", dijo. "No estoy recibiendo el pulso."
De hecho yo me sentía bien. Realmente bien. Ahora que lo pienso jamás me he sentido mejor, o más viva. Estaba llena de salud y completa, calmada y junta por primera vez en mi vida. Aunque todavía no podía ver, escuchaba todo, mayormente el barullo de muchas voces hablando todas a la vez. No me molestaba. Me dejé ir. Dejé que todo se fuera.
Luego noté que estaba en un ambiente totalmente diferente. Sabía que no me hallaba sola, pero aún no podía ver claramente, porque me cubría una niebla densa de color gris oscuro. Sentí expectación, la misma anticipación que sientes cuando un avión está por salir o aterrizar. Parecía correcto y natural el estar allí y esperar lo que fuese necesario. El tiempo terrestre ya no significaba nada para mí. No existía el concepto de "antes" o "después". Todo: pasado, presente y futuro coexistían al mismo tiempo.
De pronto, una explosión inmensa estalló detrás mío, una explosión de luz saliendo de los más lejanos límites de mi visión. Yo estaba en el centro de la luz. Barría todo, incluyendo la niebla. Alcanzaba a los fines del Universo, que yo podía ver, y se doblaba sobre sí misma en capas infinitas. Estaba observando a la eternidad desdoblarse.
La luz era más brillante que la de cientos de soles pero no lastimaba mis ojos. Nunca había visto algo tan luminoso o dorado como aquella Luz e inmediatamente comprendí que estaba compuesta de amor, todo dirigido hacia mí. Este maravilloso, vibrante amor, era muy personal, podrías describirlo como secular pero también sagrado.
Aunque nunca había visto a Dios, reconocí que la luz era él mismo. Pero incluso la palabra Dios queda demasiado pequeña para comparar la magnificencia de su presencia. Estaba junto a mi Creador, en una sagrada comunicación con su presencia. La luz se dirigía a mí; me rodeaba y me atravesaba. Existía sólo para mí. Estaba adquiriendo las respuestas a las eternas preguntas en la vida: "¿Por qué estamos aquí?: Para Aprender", "¿Cuál es el propósito de la vida?: Amar." Sentí como si estuviera recordando cosas que una vez supe pero olvidé, y era increíble que no me hubiera dado cuenta de ésto antes.
Luego este éxtasis de conocimiento y alerta fue interrumpido. De nuevo, sin palabras, aprendí que debía retornar a mi vida en la Tierra. Estaba consternada. ¿Dejar todo ésto, dejar a Dios, volver a una existencia vieja e ignorante?. De ninguna manera. Lo sabía. La chica que siempre hacía todo lo que le decían hundida en sus tacones. Pero no pude mantenerme allí. Estaba volviendo. Lo sabía. Estaba ya en camino, directamente hacia una trayectoria que me depositara en mi cuerpo de nuevo.
Entonces fue cuando ví a mi cuerpo por primera vez, y me dí cuenta de que ya no formaba parte de él. Hasta ese momento, solamente me había mirado directamente de frente (como en un espejo o fotografía). Ahora me sacudía la visión de mí, de perfil, a unos cuatro pies de distancia. Miré a mi cuerpo, el que yo conocía tan bien, y estuve sorprendida de mi desapego. Sentí la misma gratitud hacia mi cuerpo como el que tienes hacia el tapado viejo de invierno cuando lo guardas en la primavera. Me había servido bien, pero ya no lo necesitaba. Lo que sea que constituyera mi ser yo sabía que ya no se encontraba allí. Mi esencia, mi consciencia, mis memorias, mi personalidad estaba afuera, no en esa prisión de carne.